20 junio, 2007

Otoño ardiente

SE barruntaba en verano un otoño caliente. Quiero decir un otoño político caliente. La verdad es que todos los veranos hay alguien que anuncia un otoño caliente, y ese anuncio se oye ya como el de que viene el lobo. Pero este año ha venido un otoño, no ya caliente, sino incendiado. De repente la política se ha convertido en una hoguera múltiple. Hay un fuego en cada esquina. Se precipitan los acontecimientos, y desde la peripecia moruna del islote Perejil, la política nos ha entretenido con muchas y divertidas novedades.

Un día nos llegaba la propuesta de Ibarreche con el fantasma del «Estado asociado» y otro día nos enterábamos de la autorización del Gobierno para que el Canal Satélite de Polanco engulla la Vía Digital de Telefónica. Empezábamos una semana con el juguete jardielesco del «freno y marcha atrás» en el decretazo, y terminábamos otra con la concesión del Premio Nacional de Literatura a una novela en euskera por un jurado en el que no se les deja votar a los dos representantes del Ministerio.

Por un lado, santifican a José María Escrivá, y por otro crucifican a José María Aznar. La Bolsa está a dos pasos de alcanzar los niveles del crac del «martes negro» de 1929, y los rojelios y los separatistas arman la marimorena porque han izado en la plaza del Descubrimiento de Madrid una bandera española. ¿Hay quién dé más? Pues, sí, señor. Hay más.

Pasen, señores, pasen. Pasen y vean. Vean el misterio rocambolesco del robo de los papeles secretos y el archivo confidencial de los ordenadores personales de Pedro Arriola, asesor áulico del Partido Popular, del Gobierno y de la Telefónica de Villalonga y más tarde de la de César Alierta, augur y arúspice de José María Aznar. ¿Qué papeles se han llevado los ladrones? Misterio. ¿Qué secretos, confidencias, reservas y convolutos guardaba la documentación sustraída? Secreto. ¿Quién puede ser el ladrón o quiénes los ladrones? Incógnita. ¿Puede haber entre lo robado algún secreto de Estado? Arcano. ¿Por qué se guardaban tales tesoros de información en un chalé particular sin vigilancia especial? Averígüelo Vargas. ¿Quién es Vargas? Uno que ya murió. Pues estamos frescos.

Pasen señores, pasen. Pasen y vean. Pasen y contemplen el número de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Supremo facilitando un pescozón al Gobierno por no cumplir una condena que ya tiene dos años y medio y todavía está esperando que alguien intente aplicarla. Ahí tienen ustedes la «Ser» de Polanco (qué cuchipanda sin la tía Tomasa) que se zampó la Antena-3 Radio de Godó y se convirtió en un monstruo radiofónico todopoderoso, y así sigue. Así sigue porque el Gobierno de «ese señor, Aznar, que ha dejado España con menos libertad de expresión que en tiempos de Franco» no ha tenido tiempo de ordenar de manera eficaz que se vuelva atrás aquella operación y se proteja la pluralidad informativa, tal y como ordenó el Tribunal Supremo.

Habrá más fuegos de otoño. Queden ustedes al loro.

ABC. 12 de octubre de 2002

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Más nueces

EN Irak no ha empezado todavía la guerra de Bush. Pero aquí, en España, sigue la guerra de Arzallus, este rayo que no cesa y que parecía haberse tomado un descanso. Los estalinistas de la banda etarra han vuelto a agitar el árbol para que Arzallus recoja las nueces. El jefe de la Policía municipal de Andoain, Joseba Pagazaurtundua, ha pagado con su vida el hecho de pertenecer a «Basta ya», el hecho de decir «No a la guerra» de aquí, no a la guerra de su pueblo, que es el nuestro, y permanece en este momento clínicamente muerto después de haber sido tiroteado por unos pistoleros del comando Donosti.

No parece sino que este crimen, después de unos días de respiro sin bombas ni disparos, haya venido a dejar en ridículo esas protestas, airadas en unos y afligidas en otros, pidiendo paz para las tierras donde se prepara la guerra contra los pacíficos, contra la civilización, contra los países que viven en democracia y contra los hombres que viven en libertad. Esta tarde quisiera ver gritar contra los etarras y sus cómplices por las calles de Madrid a Javier Bardem y quisiera ver gimotear con la mejor técnica interpretativa a Pilar Bardem y a todos esos Bardem que viven angustiados por lo que pueda sucederles a Sadam Husein y a sus generales de bigotes clónicos. El tiroteo y seguramente la muerte de un español vasco llamado Joseba Pagazaurtundua no se le puede achacar a Bush. Políticamente, no interesa.

Ya sé, ya sé. La consigna es esta: «No a la guerra» y «No a Sadam». Y a lo mejor, ahora añaden «No al terrorismo». Pero que expliquen cómo se logra todo eso a un tiempo. Cuando Sadam invadió Kuwait o cuando masacraba a sus propios paisanos iraquíes con armas de exterminio masivo, ¿cómo lograr estar contra él y al mismo tiempo contra la guerra? ¿Utilizando pegatinas, pancartas, gritos, palomas y lágrimas de actor? En este mundo de hoy, ¿quién viene con bombas, con armas, con la ambición y la prepotencia que engendran las dictaduras militares? ¿Quién viene sobre nosotros con los instrumentos imprevisibles del terror, con los suicidas embutidos de explosivos? ¿Quién anda por ahí con la pistola del tiro por la espalda o con la bomba contra los indefensos?

Ayer, Eduardo Haro Tecglen, conocido como la Momia, el que escribió en «Informaciones» un 20 de noviembre aquello de «se nos murió un capitán pero Dios misericordioso nos envió a Francisco Franco, y hoy sobre la tumba de José Antonio», etcétera, hablaba desde el nicho donde le tiene Polanco de los actores de camiseta y eslogan, y decía que son los mismos que en las postrimerías del franquismo hicieron una huelga de protesta. Y añadía que un presidente del Sindicato del Espectáculo que hoy escribe en ABC, o sea, yo mismo, llamó a la policía contra ellos. No cita mi nombre. Dispara con vileza, cobardía y también por la espalda. No es verdad. Viven los protagonistas de aquello. Miente el bellaco. Miente por mitad de la barba. Naturalmente, en «El País». ¿Dónde si no?

ABC. 9 de febrero de 2003

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POLANCO VS. AZNAR

DESDE su primera victoria electoral en 1996, José María Aznar y el Partido Popular han tenido el honor de decorarse con la enemiga sistemática de Jesús Polanco y su imperio mediático, que abarca la prensa escrita, la radio, la televisión e internet. En cierto modo, ello es natural porque el susodicho y sintonizado imperio lo disfruta Polanco gracias a la predilección del Partido Socialista, y más concretamente a los favores de Felipe González. De Polanco se podrán aventurar diversos juicios, pero nadie podrá decir que no es agradecido. La lista de sus gratitudes es larga y elocuente.

Antes de ganar las elecciones, Aznar logró abortar el nacimiento de aquella sociedad de televisión por cable que proyectaba fundar Polanco con la cesión del monopolio de la Telefónica socialista de Cándido Velásquez, la connivencia de Telemadrid y Cajamadrid que aportaba Alberto Ruiz-Gallardón desde la Comunidad, y para enmascarar el pelotazo mediático la participación simbólica de Prensa Española y de Iberdrola. Aquel intento de monopolio informativo quedó frustrado in extremis, la noche misma anterior a su constitución ante notario.

Luego llegó el llamado «Pacto de los Editores», firmado entre Polanco y Antonio Asensio la víspera de la Nochebuena de 1996, pocas semanas después de constituido el Gobierno popular. Antes de eso, y aprovechando la falta de mayoría en el Parlamento, se había intentado desde «El País» sustituir la candidatura de Aznar por la de Ruiz-Gallardón. Y desde entonces, la guerra del imperio de Polanco contra Aznar ha sido terca, inclemente, injusta, caliente y a veces sucia. No se trata de una actitud crítica, sino de un despliegue bélico.

A cambio de esas constantes ofensivas, el Gobierno de Aznar ha respondido con varias contemplaciones. Flores y momios contra proyectiles y basiliscos:

Se mantienen en secreto insondable los datos del escandaloso trato de favor de Focoex a las empresas de Polanco Eductrade y Sanitrade, y tal vez otras, beneficiarias de gran parte de esos contratos.

Desde hace varios años, duerme en el cajón del Ministerio de Hacienda, o sea, de Rodrigo Rato, el informe de la Agencia Tributaria en el que se recomienda una inspección a fondo de todas las empresas del Grupo Prisa, Sogecable, etc., más que sospechosas de irregularidades. Ese informe fue publicado y nunca desmentido.

Se permite la adquisición o creación de una serie de emisoras locales de televisión que, burlando abiertamente la ley vigente, se agrupan para formar una cadena nacional con el nombre de Localia. El Gobierno se dispone a reformar esa ley para legalizar lo ilegal.

Dentro de pocos días, el Gobierno autorizará la fusión de las dos plataformas digitales por absorción de Vía Digital de Telefónica por Canal Satélite de Polanco. Eso supone el monopolio de la televisión de pago en condiciones convenientes. Al tiempo.

Ahora, eso sí, José María Aznar jamás ha concedido como presidente del Gobierno una entrevista a los medios del grupo Prisa. Duro y merecido castigo. Bien hecho.

ABC. 15 de noviembre de 2002

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