21 junio, 2007

A vueltas con la «extratégia»

ES lógico que a don José Luis Rodríguez Zapatero, licenciado en Derecho y presidente del Gobierno, no le haya hecho gracia alguna que le pillen una falta de ortografía de esas que llaman garrafales. Un lector de ABC cazó la equis de su «extratégia» y lo denunció en «Carta al Director», y para mayor regocijo del gentío descubrí yo el acento en la segunda «e» de la palabra, un acento hermosísimo, indisimulable, que caía como una jabalina sobre el lomo curvo de la letra, y escribí sobre todo ello un artículo cachondo alrededor de la «extratégia» de Zapatero.

La palabra en cuestión estaba escrita de puño del señor letrado en leyes y presidente del Gobierno, de modo que no había manera de esconder el yerro o de echarle las culpas al teclista, al cajista o al linotipista, que es lo que hacemos periodistas y escritores cuando nos ocurre una desgracia semejante. En Moncloa intentaron remediar el desliz ortográfico del jefe, y acudieron a tapar el trasero presidencial, que había quedado a la intemperie. O sea, que desde el punto de vista ortográfico Zapatero posaba ante el público con el culo al aire.

Llamaron desde allí a Federico Jiménez Losantos, que había comentado el caso, y le contaron no sé que historieta de gnomos y enanitos, duendes de tinta roja que hacen bailar a las letras retratadas y otras coplas de Calaínos. Pues no, señor. Bajo la lupa, en la hoja escrita por el puño de Zapatero, aparece la palabra «extratégia» clara, precisa, oronda e inequívoca. La equis de la culpa es una señora equis, una equis como para que sirva de incógnita a la solución de la cuadratura del círculo o al destino de España en las manos o los pies del propio Zapatero. Y el acento era, en comparación de sus respectivos ambientes, algo así como el Peñón de Ifach despeñándose sobre la letra.

Ante eso, el oficioso mentidor de Moncloa podía haber hecho una de estas dos cosas: o silbar el «gaudeamus igitur» u obsequiar a Zapatero con el Manual de Ortografía Práctica, de Miranda Podadera. Y Zapatero podría tomar ejemplo de Juan Ramón Jiménez, que todos los sonidos fuertes de la ge los escribía adrede con jota («Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas») y nadie puede decir que incurría en faltas de ortografía.

Zapatero, de aquí en adelante, debe escribir con equis todos los sonidos de la ese que viniese colocada antes de consonante. Escribir, por ejemplo: «Todas las excenas políticas de Campmany son extupendas y sólo desagradan a los extúpidos y exmirriados cerebrales». A esa manera de escribir podríamos llamarla el «incognitismo metódico», que haría juego con el estilo de gobernar del propio Zapatero, fundado en la ignorancia de lo que el Gobierno puede decidir dos minutos después de haber tomado una providencia, y sorprender así a todos los «extupefactos expañoles». En cuanto a lo de la tinta roja, tiene razón el de La Moncloa. Lo rojo siempre produce faltas, de ortografía, de tino y de gobernación, y ahora se va a cargar el «Extado».

ABC. 29 de mayo de 2005

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Flores de mayo

NO quisiera hacer juicios temerarios, pero me parece que a Pepiño Blanco y Rojo lo tiene inserto Zapatero en su «extrategia» para que diga las necedades que ni siquiera él se atreve a decir. Ahora ha dicho que el PP no quiere ayudar al Gobierno en su lucha antiterrorista. Pero ¿qué lucha, señor Pepiño? El Gobierno no combate el terrorismo, sino que corre tras él con los brazos abiertos y el trasero hecho agua. Y el terrorismo ha respondido a la gentileza de Zapatero de dos maneras. Una, haciendo estallar cuatro bombas en otros tantos lugares de Guipúzcoa. Y otra, exigiendo que la Policía no detenga etarras, que la Justicia no los juzgue y que al poder legislativo le vayan dando masculillo y echen sus leyes a la basura.

Y todo eso a pesar de que la «extrategia» de Zapatero es una «extrategia» no sólo con equis, sino con acento. Al comunicante de ABC, señor González Mena, se le escapó el acento que había puesto Zapatero en la e de su «extratégia», seguramente para reforzarla, y yo no he descubierto el acento hasta hoy y con ayuda de una lupa, porque la letra sale en la fotografía del periódico con tamaño de hormiga. Lo mismo podría acentuar Zapatero su apellido y su cargo, y escribir: «Zapatéro, Presidénte del Gobiérno».

Conviene ser cuidadoso con los acentos. Por ejemplo con esa palabra que tanto se repitió hace pocos días: «cónclave». El maestro Valentín García Yebra nos enseña que debe pronunciarse y escribirse sin acento, o sea, pasarla de esdrújula a llana. En definitiva, clave equivale a llave, y tendríamos que decir con-clave para significar el encierro de los cardenales con-llave. De aquí en adelante, así pronunciaré y escribiré yo la palabra, y gracias le sean dadas al maestro García Yebra, que no todo son cebrianes y goytisolos en la Española.

Han nacido estos días más flores de mayo en las letras. Mi leído colegui Tomás Cuesta ya fue reo hace unos meses de atribuir a Rafael Alberti los versos «Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos», que en realidad son de Calderón, y los dice el personaje llamado «Chato» en la Jornada Primera de «La hija del aire». La confusión es fácil, primero porque no imagina uno que Calderón escriba eso, y después, porque Alberti los puso al frente de sus divertidos poemas del cine. Le envié a Cuesta un recado secreto con Pérez Puig y rectificó luego como de forma espontánea. Ahora cita mal unos versos de César Vallejo («piedra de estupor y madera noble de establo» llama Gerardo Diego a este «Valle Vallejo»). Cita Tomás Cuesta: «Me moriré en París en primavera...» Pues no, señor. César Vallejo escribe: «Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo...» Y dicen que, efectivamente, César Vallejo se murió en París un día de lluvia.

Mi cita preferida de César Vallejo es esta, que Marcelo Arroita-Jáuregui puso al frente de un libro de versos: «Considerando en frío, imparcialmente, que el hombre es triste, tose, y sin embargo se complace en su pecho colorado...» ¿Su pecho colorado? O sea, ya está claro: Pérez Rubalcaba.

ABC. 18 de mayo de 2005

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16 junio, 2007

Mi torpeza lingüística

NO esperaba yo, seguramente bañado en vanidad, que algún lector mío se entristeciera al comprobar mi «torpeza lingüística». Bueno, pues un lector que firma J. A. Becerril escribe una carta al periódico declarando que le ha entristecido mi supuesta torpeza. Dice que en mi artículo «Gay, guei, gái», que le desagradó por varias razones, afirmo que la palabra «gay» es de origen inglés, y me explica que no, que es de origen latino, y nacida de «gaudium».

Yerra el comunicante. Ni en ese artículo ni en ningún otro he afirmado que la palabra «gay» sea de origen inglés. Dije que es palabra inglesa, y no sería el primer vocablo inglés que tuviera su origen en la lengua latina. El mismo origen tienen el «gai» francés, el «gaio» italiano y el «gayo» español, todos ellos con el significado de «alegre, brillante, festivo», etcétera. Origen latino, dice este Becerril, mi espontáneo profesor de Lengua. Sí, pero precisemos. Lo más probables es que «gai» nazca en el occitano, y de allí haya pasado a otras lenguas. Algunos filólogos alemanes quieren atribuirle origen germano, pero es hipótesis que no ha prevalecido.

Al pasar a la lengua inglesa lo hizo con el mismo significado de «alegre, divertido o gozoso», aunque luego se enriqueciera con una segunda acepción, la de «hombre homosexual». Y de ahí la ha tomado el castellano y la ha incorporado a nuestro idioma con el valor único de «homosexual», es decir, de la segunda acepción inglesa. Así aparece en la última edición del Diccionario de la Real Academia Española, del año 2001: «1. Perteneciente o relativo a la homosexualidad. 2. Hombre homosexual», y le deja a «gayo» los significados primigenios de alegre, divertido, gozoso, etcétera. Una observación más. En la lengua de Oc, existe también «jai» como hermano de «gai», y es curioso que el cheli haya tomado la palabra para designar a la tía, a la mujer, a la gachí. Misteriosos recovecos del lenguaje.

Pero en catalán y en español se escribía ya «gay» en la expresión «Gay Saber» para denominar la poética de los trovadores provenzales, que luego tomó en España la forma de «Juegos Florales». Este gay del «Gay Saber» (también se decía «Gaya Ciencia») tendría yo que conocerlo, si no por otra cosa, porque, modestamente, soy «Maestre en Gay Saber» por haber ganado más de tres Flores Naturales en esos certámenes. Es esta la primera y última vez que me adorno con ese título, ya en desuso y en el desván de los trovadores cuando yo concurría a esas competiciones y festejos poéticos. Martín de Riquer explica algo de todo esto en un libro titulado «La lírica de los trovadores». Si quiere, se lo presto. O mejor, no, pues no conviene ilustrar al objetante.

Claro está que a mí se me pueden dar lecciones de muchas cosas porque es mucho lo que ignoro, aunque algo llevo leído y estudiado en mi no corta vida. Atiendo esas lecciones con aplicación y las acepto con humildad, y así he recibido la que me propina J. A. Becerril, a quien le agradezco que pegue, pero escuche. Solamente le pido que cuando me distinga con alguna otra lección de lingüística se eleve un poco, aunque sólo sea un palmo, sobre el nivel de los rudimentos.

ABC. 13 octubre de 2004

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